
Para conocerlas mejor, Francisco "Guti" ha llevado a cabo una paciente labor de reportero gráfico del mundo de lo pequeño, que Carlos Fernández ha recopilado y editado en la web del pueblo, cuya visita siempre recomendaremos.
Nuestro agradecimiento a ambos, con un homenaje de Pablo Neruda a esas coloristas y pequeñas amigas con las que convivimos sin fijarnos apenas.
Mariposa de otoño
La mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.
Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.
Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.
Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.
Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.
Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.
Se va la mano que te induce.
Se va o perece.
Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.
El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.
Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
Su lengua tibia me rodea.
También me dice: —Te parece.
La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.
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